Miguel Angel Villanueva - "Ningún Cielo"
(Discos Medicinales, 2004)
Desde la infancia Miguel Angel Villanueva convive con discos, partituras e instrumentos musicales, que pasan a formar parte fundamental de su educación y evolución. Imitando a su hermano Pedro José, decide aprender a tocar la guitarra. Forma parte de diversos grupos y recorre parte de Europa tocando en los metros. A su vuelta y animado por los recientes sonidos de la "new wave" crea en 1979, junto con su hermano, el grupo con el que conseguirán grabar por primera vez, Los Auténticos. Se les unen, completando el combo, Juan Antonio Morcillo al bajo y Jesús Gimeno a la batería. Entre 1980-1984 logran editar un single ('La estrella' / 'Mi abuelo'), un maxi ('día tras día/'cállate ya'/'noche tras noche'), un casete con 16 canciones, diversas maquetas, grabaciones en la radio, actuaciones en Rockola, Zeleste o El Sol. Cuentan con un amplio repertorio y un sonido en directo del que se sienten orgullosos, más que con el de las grabaciones, que suenan en general muy flojas, aunque se percibe perfectamente el cuidado, cariño y calidad con el que tratan las voces y arreglos, con claras reminiscencias de grupos de los 60, si bien como gran coleccionista de discos es lógico que se mezclen multitud de influencias. Morcillo había decidido dejarles en1983 para formar 'Morcillo el Bellaco y los Rítmicos', siendo sustituido por Ximo Simó en el bajo. Sin mánager, sin promoción y la falta de interés (o desconocimiento) por parte de público y medios en general, les lleva a la inevitable disolución. En 1986 sacan un maxi 'El hombre cosa ama la lluvia', pero con el nombre de Los Plomos (deciden cambiar porque 'auténtico' se había convertido en una palabra excesivamente utilizada y con significados dudosos, eligiendo uno que no llegara a ponerse de moda, lo cual indica el rechazo que sienten hacia las modas pasajeras, y el amor por lo original y personal), que contiene tres temas con mayores influencias de garage y psicodelia, grabado por Miguel Angel y su hermano, junto con el batería Daniel Silvestre, quien seguirá con ellos en el siguiente proyecto, Los Brujos. Tras las malas experiencias y casi por necesidad deciden fundar el sello Discos Medicinales para editar el nuevo material con mayor libertad. Con el nuevo sello Miguel Angel desarrolla sus aptitudes como multi-instrumentista y productor. Pero como el gusanillo de componer y editar temas propios no le abandona, en 1990 saca nuevo miniLP, "A 36 Km. de ninguna parte" (Discos Medicinales) bajo el nuevo nombre de Los Brujos, aunque se trata de un proyecto en solitario con colaboraciónes esporádicas. Cinco temas instrumentales (Miguel Angel toca teclas, guitarra, el bajo en dos temas, y es autor de todas las composiciones), rompiendo de nuevo modas cuando casi nadie saca música instrumental en el pop-rock, pensando que siguen existiendo sentimientos complejos que sólo se pueden expresar con música. También editó como los Brujos el EP "Sombras" (Discos Medicinales, en el que incluía de nuevo temas cantados, sonando en la radio especialmente "Dias de ausencia y de cartón"), el mLP "Mentes Arborescentes" (Discos Medicinales), "Burbujas Sónicas" (Munster Records), "Hot Ones" (Animal Records, con Malcolm Scarpa tocando su guitarra), el Ep "Ellas Siempre Están Solas" (No Tomorrow, con la banda Shock Treatment de acompañamiento). En 1996 sale su primer trabajo en Rock Indiana, un EP dedicado a la figura de Francoise Hardy "Francoise"( con música de Pete Dello -Honeybus- en el tema que da título, y letra de M. A. Villanueva), al que seguirán, fruto de su buena relación con este sello, el single "Soy Transparente" y en 1998 por fin un CD/LP "Sin ver el sol", con canciones memorables y que obtendría muy buenas críticas en medios especializados. En el 2000 sale el que será su último trabajo como Los Brujos, el miniCD de versiones "Indirecto", con la colaboración de Santi Campos en los coros (las versiones y traducciones siempre han sido uno de sus puntos fuertes).
Más maquetas, colaboraciones, temas para recopilatorios, fanzines, actuaciones, y en 2004 nos ofrece otra gran joya, de nuevo un álbum completo de canciones, "Ningún Cielo" (por diferencias de opinión con Rock Indiana es editado en su propio sello, Discos Medicinales), esta vez bajo su propio nombre, Miguel Angel Villanueva. Otro disco que se sitúa en tierra de nadie, fuera de cualquier moda actual, pero lleno de canciones pop perfectas, con sabores y olores de las mejores cosechas del pop de todos los tiempos, desde la psicodelia hasta el power pop, pasando por la canción de autor mezclada con orquesta y coros, con refulgentes destellos tanto hispanos como anglosajones. Abre el disco "Desde que no estás", en la que destacan ya los arreglos de cuerda y viento con los que Pete Dello ha colaborado en este álbum, la letra alude a imágenes a las que nos tiene acostumbrados Miguel Angel, soledad, silencio, sueños, recuerdos e imaginación, temas en los que es verdadero maestro. "Entre el cielo y el suelo", otra preciosa historia con ritmo saltarín y sencillas verdades ("entre el cielo y el suelo todo el juego está, tan sólo historias que la memoria borrará"). "Al amanecer" empieza con un suave punteado de guitarra y acompañamiento de teclados que va adquiriendo potencia a medida que transcurre el tema, intentando transportarnos a otra dimensión, tocando la teoría de los mundos paralelos ("tal vez todo esto es sólo un juego de la imaginación, y cada momento que ahora ves sucede luego en otra dimensión"). En un plano más terrenal "Verdades de alquiler" nos habla de ilusiones que se dan de bruces contra la realidad, cargada también de arreglos que visten con brillos una historia gris. "Los días que no volverán", tremendamente contagiosa, insiste en que el tiempo perdido no se puede recuperar, mientras nos avisa que nos vamos quedando rezagados y sin posibilidad de volver atrás. La psicodélica "Luna metálica" me recuerda al tema de Donovan "Hurdy Gurdy Man" por esas terminaciones con vibrato exagerado (aunque quizá Miguel Angel se haya inspirado en otro autor, con su vasta cultura musical es fácil que me equivoque). "Nubes" es más reposado, permitiéndonos volver a coger una breve bocanada de aire fresco ("hoy nosotros sin pensar, como nubes al nacer, circulamos hacia otro lugar, para no volver"). "Como agua de luna" con estribillo pegadizo recalca nuestra caducidad. "Oración a San Judas" pide, entre sonidos potentes y guitarras setenteras, protección y ayuda a este santo peculiar para salir bien parado en este mundo peculiar. "El 27 de nunca" es una de mis favoritas, unión perfecta entre música y letra, menos aprisionada entre los arreglos, vuela libre y deja flotar las imágenes que evoca ("...la cordura se junta con una extraña locura. Aquí está otra vez aquella vieja impresión, tu ausencia y mi obsesión... las historias que nunca ocurrirán se han revelado, y dicen que esta vez han sucedido"). Enlaza con el instrumental que no debe faltar en sus obras "Tiempo suspendido", para pasar con fuerzas renovadas y con ganas de dejarlo claro, entre punteos y acompañamientos dignos de pasar al recuerdo, a contarnos que cada uno tiene que cargar con su "Infierno personal". "Miedo en la estación" está también cargada de punteos y ritmos contagiosos, más nueva olera, buenísima como single, pero un tanto perdida entre tanta canción impecable, y es que si de algo adolece este trabajo es de los escasos cambios de luz y color, siempre alrededor del mismo sol, pero con pocos accidentes que provoquen sombras y contrastes. Termina con la mejor elección posible para finalizar "Todos vamos perdidos", delicado y que te deja con ganas de volver a disfrutarlo.
Ha contado para esta ocasión con dos componentes del grupo Bronco Bullfrog, Andy Morten (batería) y Louis Wigget (bajo), así como con colaboraciones puntuales de Juan Antonio Ross.
No sabemos lo que tardará en sacar otro trabajo, pero seguro que algo está preparando, pues la impresión que da es que sin música se encuentra perdido y que la necesita como el aire para respirar (lo que se dice un artista puro). Espero que tenga más suerte y más repercusión con los próximos trabajos, nunca se sabe dónde está el momento de cada uno, pero lo más importante es que cualquier cosa que componga no tengo duda que será sincera y sentida (y por mi parte bien recibida y disfrutada).
Otra página interesante sobre sus orígenes
miguel ángel villanueva - todos vamos perdidos
